Lenin Saltos, más conocido como Lucky Lenin en el barrio de La Mariscal, es un vecino apasionado por la música latina. Fue un fiel cliente de Seseribó.
Después de que el lugar cerrará tuvo la motivación de encontrar un punto donde los amantes de la salsa pudieran ir a disfrutar de este género. Lucky considero que el parque Gabriela Mistral era perfecto gracias a su ubicación céntrica y la posibilidad de llegar en cualquier medio de transporte.
La salsa siempre ha unido, pero necesitaba un lugar donde volver a respirar
Empezó organizando pequeñas sesiones de baile con un parlante y una pequeña lista de reproducción creada por él mismo y la colaboración de unos cuántos amigos.
Con el tiempo, lo que parecía un evento casual empezó a atraer a más personas. Llegaron bailarines amateurs, instructores de academias cercanas, familias con niños y adultos mayores que veían en el solar un espacio seguro para compartir.
Poco a poco, el lugar se convirtió en un escenario al aire libre. Una pista de baile donde vecinos y extranjeros se reúnen sin jerarquías a escuchar los clásicos de la Fania o las timbas modernas que marcan el ritmo.
Más allá del baile, Salsa en el Solar se transformó en un proyecto social. Una iniciativa que ha impulsado la ocupación segura del espacio público, el tejido comunitario y la convivencia barrial.
Además, ha promovido la visibilidad del movimiento salsero que ha crecido en La Mariscal, un barrio que en los últimos años vive una revitalización cultural gracias a escuelas de baile, salsotecas y eventos al aire libre.
Saltos explica que el objetivo siempre fue claro: “La salsa tiene poder. Te une, te sana, te conecta. Si logramos que la gente vuelva a los espacios comunes a través del arte, estamos ganando todos.”
Hoy, el solar es un referente. Cada semana, decenas de personas acuden para bailar, practicar y aprender. Las escuelas de salsa lo consideran un espacio orgánico donde se forja comunidad mientras que los vecinos lo ven como una iniciativa que recuperó el espíritu del barrio.
Salsa en el Solar ya no es solo una actividad, sino una identidad. Una demostración de que, cuando la ciudadanía se apropia del espacio público con creatividad y propósito, la ciudad cambia.






Deja una respuesta