Hubo un lugar en el corazón de la ciudad que marcó un antes y un después en la escena salsera de Quito: El Solar Latino ya que fue el primer punto de encuentro donde la salsa se vivió con cuerpo, historia y comunidad.
En 1981, la idea de crear un espacio dedicado a la salsa en Quito llegó con Juan Carlos Valenzuela, quien trajo la propuesta desde la ciudad de Cali, cuna de muchos ritmos caribeños y epicentro de la salsa en Colombia.
Su socio en este proyecto fue Rafael Andrade, un promotor entusiasta de la llamada “salsa de zapato blanco”: una manera elegante y estilizada de bailar este género, priorizando técnica y compás.
El Solar Latino estaba ubicado en la calle Tarqui y se consolidó como el único lugar en Quito donde se podía bailar salsa con regularidad.
La salsoteca atrajo a bailarines integrantes de la Compañía Nacional de Danza y del Centro Independiente de Danza. También frecuentaban el lugar figuras del mundo artístico y deportivo como “la Pantera” Benítez y Hans Maldonado.
En su pista de baile, vibraban clásicos de la salsa dura. Sonaba lo mejor de Eddie Palmieri y Henry Fiol, lo que convirtió al Solar Latino en un santuario de la escena salsera.
El cierre de un icono cultural
A pesar de la gran acogida cultural y comunitaria, el Solar Latino cerró sus puertas debido al aumento de peleas a la salida del local, una situación que generó tensiones con autoridades y vecinos.
El cierre de este espacio que muchos consideraban un punto de encuentro fundamental para la cultura salsera dejó un vacío que tardó en ser ocupado por nuevas iniciativas que repensaran la salsería en clave urbana y comunitaria.
Durante ese interludio surgieron otras formas de hacer de la salsa un encuentro social. Un gran ejemplo de ello es Salsa en el Solar, una iniciativa dominical en el Parque Gabriela Mistral promovida por el gestor cultural Lenin “Lucky” Saltos.
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