La Mariscal es, desde hace décadas, uno de los territorios culturales más dinámicos de Quito. Su historia nocturna, su diversidad artística y su capacidad de reinventarse siguen marcando el pulso del barrio. Para entender cómo se vive la dinámica conversamos con Diana Narváez, jefa de Cultura de la Administración Zonal de La Mariscal.
Desde su mirada, la cultura del barrio no es algo estático ni impuesto desde las instituciones, sino una construcción colectiva que nace de la ciudadanía.
“La actividad cultural de La Mariscal ha sido constante desde los inicios de la creación del barrio, entre subidas y bajadas”
señala Narváez
Recordando que ferias, conciertos y festivales han ocurrido de forma sostenida gracias a gestores, artistas, locales y emprendimientos culturales.La Mariscal, además, mantiene un rol clave dentro de la dinámica cultural de Quito. Este carácter se expresa en una oferta que combina cultura, gastronomía y entretenimiento, abierta a toda la ciudadanía.
El barrio es una de las centralidades en la actividad nocturna, cultural y de entretenimiento del Distrito Metropolitano
afirma Narváez
Dentro de esa diversidad, la salsa ocupa un lugar especial en la identidad del barrio. Narváez es clara al señalar que la cultura no se puede encasillar: “No podemos decir ‘esto es cultura y esto no’, la cultura es lo que construimos los ciudadanos”. En ese marco, la salsa ha encontrado un espacio natural tanto en bares como en el espacio público.
Diana destaca el papel de Lucky Lenin como gestor cultural dentro de La Mariscal y promotor de la salsa comunitaria con su proyecto fundado en 2020 que se da cita todos los domingos de 11H00 a 15H00 en el parque Gabriela Mistral. no ha dejado de poner música ni salsa”, subrayando que se trata de una iniciativa nacida desde la ciudadanía y sostenida en el tiempo.
“La gestión pública no discrimina, se gestiona para toda oferta y todas las propuestas”
explica Narváez
La Administración Zonal trabaja con diversos actores culturales y universitarios. “Trabajamos con colectivos, con universidades, con clubes que por supuesto también bailan salsa”, señala, evidenciando la transversalidad del género dentro de la escena cultural. Estos vínculo se traducen en reuniones, coordinación y acompañamiento a proyectos que surgen desde el propio barrio.
La Mariscal fue y sigue siendo un punto clave para la salsa gracias a su centralidad y carácter turístico
Pensando en el futuro, uno de los principales desafíos para La Mariscal es volver a consolidarse como un barrio cultural articulado. “Uno de los desafíos es generar cohesión entre gestores, artistas, el sector público y una invitación al sector privado para que se sume”, afirma.
Hoy, la salsa se vive desde la memoria y la práctica cotidiana. “Se vive bailándola, disfrutándola; quedan espacios y una herencia del movimiento salsero que marcó esta parte de Quito”, dice, recordando locales históricos y proyectos vigentes.
Finalmente, Narváez resume la esencia cultural del barrio en una idea clara y potente: “La cultura en La Mariscal se la sigue viviendo como se debería vivir: a veces más intensa, a veces más suave, pero siempre en construcción”. Una frase que sintetiza el espíritu de un barrio que, pese a los cambios, sigue latiendo al ritmo de su gente.
