La Mariscal no solo es uno de los barrios más emblemáticos de Quito por su vida nocturna, su historia y su ubicación estratégica. En las últimas décadas, también se ha consolidado como un punto clave para la práctica y difusión de la salsa, un género que ha trascendido la pista de baile para convertirse en una experiencia cultural y comunitaria.
Para Lucky Lenin, gestor cultural y fundador de Salsa en el Solar, la salsa es un lenguaje universal que ha encontrado en La Mariscal un territorio fértil para crecer.
A diferencia de otros géneros musicales que dominan el mercado actual, la salsa, según Lucky, conserva una dimensión histórica, social y política que se expresa en el cuerpo y en la relación con el otro.
Más allá del baile, la salsa ha generado dinámicas sociales que fortalecen el tejido comunitario del barrio. Cada domingo, niños, adultos mayores, familias, mascotas y bailarines ocasionales conviven en un mismo espacio.
En contextos de crisis como la pandemia, los paros o los siniestros urbanos, la salsa ha funcionado como una herramienta emocional que permite resistir y reencontrarse con la vida cotidiana desde la alegría.
Para Lucky Lenin, la alegría es una forma de resistencia colectiva. “La alegría es un buen virus”.
Habitar el espacio público
El impacto cultural de la salsa en La Mariscal también se refleja en la forma de entender el espacio público: no como un lugar anónimo, sino como una extensión del hogar.
Así, la salsa deja de ser únicamente música o baile y se convierte en una práctica que humaniza la ciudad, activa la memoria barrial y resignifica la calle como escenario cultural.
