La salsa llegó a La Mariscal en los años 80. Dentro de los pioneros en el género estaban dos grupos. Los primeros eran el trío Café con Leche, conformado por Héctor Napolitano en el banjo, Álex Alvear en guitarra y Jorge ‘Caballito’ Gómez en el bongó. Hacían versiones soneras de canciones de salsa. Algo parecido a lo del Taller de Música de Juan Mullo, Ataúlfo Valencia, Diego Luzuriaga y otros. Por eso ambas sociedades se unieron en Rumbasón, el primer ensamble extendido de la capital que, además de ‘covers’, hizo temas propios.
En ese entonces, tocaban en un circuito de peñas en el que no se bailaba porque la costumbre era solo escuchar música. Eso cambió en 1983, cuando una pareja colombo-ecuatoriana (la familia Rubiano) fundó el Seseribó. El sitio fue uno de los primeros lugares dedicados a la cultura de la salsa. La música se confundía con el acto social y con el baile distendido y desprejuiciado. También llegaron sitios icónicos como Ramón Antigua o Solar Latino para comprobar el auge del ritmo en la ciudad.
Tal crecimiento tuvo mayor auge en 1988 con la llegada del programa de televisión ‘Buscando Guaguancó’, conducido por Manuel Velásquez Salmon, melómano que transmitía, por Ortel Canal 5, una fusión de trova cubana con salsa neoyorquina, cuyo legado es reconocido hasta hoy por músicos y por salsómanos de la ciudad.
Ya para finales de los 90 artistas de salsa romántica empiezan a tener amplia cobertura en radios de pop. Víctor Manuelle, Marc Anthony, Rey Ruiz o Gilberto Santa Rosa eran populares tanto en el dial como en la pista de baile, en donde los aficionados empezaron a desarrollar sus habilidades con la llegada de los primeros instructores del ritmo a Quito.
Así se dio génesis al ambiente del Quito salsero actual. Aquel donde el disfrute de la salsa de calle se ha transformado en una salsa que se ve en ESPN, en congresos y en salsotecas que han dejado el factor social -y en cierto punto musical- del ritmo, para dar énfasis a las líneas, la técnica y el conteo de pasos. “Ya no es de sentarse a escuchar, conversar o hacer amigos; eso ya pasó. Ahora se vive bailando”, sentencia Diego Vega, dueño de Lavoe, discoteca de perfil salsero.
